Fuera de guasas, llevamos dos días en el Centro de Formación y Capacitación de Ticuantepe. Es tiempo de reflexionar sobre todo lo vivido en días anteriores, de adquirir unos conocimientos básicos de la historia, la política, la juventud, la educación... pero de una forma realmente asombrosa. Mediante una visita a la Asamblea Nacional, con contacto directo con personajes históricos como Edén Pastora en el mismo Palacio Nacional. En este lugar emblemático que fue tomado hace 32 años por el Frente Sandinista de Liberación Nacional para la liberación de los revolucionarios encarcelados por la dictadura Somocista que sometió al país más de 40 años. Mucha información necesaria para la comprensión de la situación actual por la que pasa Nicaragua.
Os invito a un viaje, quiero que os montéis en nuestro mini-bus, pequeñito, de 25 plazas, de las cuales las 7 últimas están completamente llenas de todas nuestras pertenencias. Podemos encontrar mochilas, sacos de dormir, esterillas, ordenadores, una nevera llena de hielo, agua, unas cervecitas, multitud de regalos que hemos ido comprando. Por la luna trasera no es posible ver el camino que dejamos atrás. Aquí estamos todos, todos vosotros, compartiendo conversaciones y vivencias. Vemos cómo pasan por la ventana mil y una diapositivas de la vida en Nicaragua. La circulación es intensa y desorganizada, en el semáforo donde estamos parados nos ofrecen de todo: gafas de sol, agua, papaya, jocotes... hasta cometas. Podemos ver a un grupo de chavalos esperando para lavar cualquier vehículo en los 5 minutos que tarda el semáforo en ponerse en verde. Un anciano con un machete cortando leña para vender. un campamento a base de tiendas de plásticos reivindicando una compensación a EEUU por las vidas de personas muertas a causa de un plaguicida llamado Lemagón. Pasan varios minutos y seguimos intentando salir de la caótica Managua, ahora se ve un puesto en una esquina, hay una mujer embarazada vendiendo melones (que son de color naranja), guayaba, sandía, mandarinas... cada cosa colocada en un cesto de mimbre. Cada farola, cada semáforo, cada pared está impregnada de color rojo y negro simbolizando “la lucha del pueblo”. De fondo suena una emisora de radio en la que podemos escuchar una ranchera con contenido histórico nicaragüense. En la acera de enfrente vemos pasar a un grupo de niños con un adulto que van al colegio. La circulación y los semáforos se van transformando poco a poco en casas, en árboles.
Muchas cosas, muchos detalles, muchas vidas de mucha gente que se quedan atrás con el paso de nuestro coche, esto es una parte de lo que podemos ver de esta nuestra maravillosa Nicaragua.